Tras los rizos rastudos de pidicoch, mi perro, el poodle, se esconde un microcosmos que, quién sabe, podría ser la clave de la felicidad.
Quién diría que los poodles, esa raza minimizada y ridiculizada daría una hipótesis tn prometedora, optimista y jovial.
Es eso o estoy obsesionada con mi perro.
Arf.
domingo, 16 de agosto de 2009
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